Hablas. Apuntas con el móvil.
Dictas la visita por Telegram como si llamaras a tu aparejador. Adjuntas las fotos y vídeos que harías igualmente.
Mientras visitas la obra, dictas como siempre por Telegram. Cuando vuelves al coche, ya tienes el PDF firmable, los correos a cada industrial enviados y el dashboard del estudio al día. Sin tocar el teclado.
Dictas la visita por Telegram como si llamaras a tu aparejador. Adjuntas las fotos y vídeos que harías igualmente.
Transcribe el audio. Describe cada foto. Conecta cada frase con la partida, el industrial y el cliente correctos.
Llega el PDF maquetado con tu plantilla, los emails a los industriales enviados y el dashboard del estudio al día.
Tres pasos. Una visita. Cero minutos redactando en el estudio.
Ver el flujo con detalleEl acta de visita no se redacta en el andamio. Se aplaza, se retrasa, se apila. Cada hora que pasa entre la visita y el documento es ruido, olvido y riesgo. Lo saben todos los estudios: el cuello de botella no es proyectar — es documentar.
Cuadernos a medio rellenar, fotos en el carrete, audios sueltos en WhatsApp. La obra se cuenta a trozos.
Vuelves al estudio agotado. Redactar el acta es una hora más al final del día, cuando ya no te acuerdas de los detalles.
Llamas al industrial, anotas el precio, lo trasladas a la memoria, lo vuelves a tipear en el presupuesto. Tres veces el mismo dato.
200 imágenes en el móvil. Ninguna sabe qué partida toca, ni qué grieta importa, ni de qué visita es.
Una partida olvidada en la memoria es una factura sin justificar. Una visita sin acta es un riesgo legal.
Tres obras a la vez, cinco industriales, dos clientes esperando firma. El cuello de botella eres tú.
Cinco pasos. Ningún software nuevo que aprender. Mientras hablas a pie de obra, el dashboard se construye solo — y cuando vuelves al estudio ya tienes el acta, los emails enviados y la trazabilidad entera en una pantalla.
El bot reconoce dónde estás. Te abre el expediente correcto, te muestra qué partidas tienes activas y a qué industriales has citado hoy. Sin teclear nada.
Dictas como si se lo contaras a un aparejador. Adjuntas las fotos y los vídeos que harías igualmente. Mandas /fin y te olvidas — el resto pasa solo.
Transcripción literal del audio, descripción precisa de cada foto, cruce con la base del proyecto. Cada frase se conecta con la partida, el industrial y el cliente correctos.
Llega al estudio (y al portal del cliente) un PDF impecable: tareas, croquis con cotas, fotos referenciadas, industriales asignados. Lo único humano: revisar y firmar.
El sistema redacta y envía un correo a cada industrial con su parte. Actualiza el timeline de la obra, marca las decisiones que debe tomar el cliente, e imprime trazabilidad coloreada por responsable.
Cuatro vistas para llevar un despacho moderno: resumen general, cronología por obra, imputación visual de retrasos y outbox de los emails que el sistema envía a cada industrial. Sin tocar un teclado.
Cada retraso queda registrado con timestamp, foto y origen en la visita en que se detectó. El despacho deja de cargar con culpas ajenas ante el cliente o el promotor.
Una vista propia, en tiempo real, con lo que tú decides enseñar. El cliente ve el estado de su obra, las decisiones que aún tiene pendientes — y sabe que el retraso del jueves es suyo, no del despacho. Menos llamadas. Cero malentendidos.
Tú decides qué ficha del expediente se publica en el portal del cliente: progreso, fotos, presupuestos, plazos. El resto queda dentro del estudio.
Si vence el plazo de una decisión suya — acabados, distribución, validación —, su portal lo pinta en azul. Sin discusiones a los seis meses.
Cada acta llega al portal con un botón: firmar. Sin imprimir, sin escanear, sin emails que se pierden los viernes a las 18:00.
Dos únicos conceptos: un setup que lo pone todo en marcha, y una cuota mensual plana que cubre absolutamente todo lo que el sistema necesita para funcionar. Sin coste por acta, por usuario ni por obra adicional hasta el límite incluido.
Lo instalamos todo, lo conectamos todo y lo probamos con una obra real de tu estudio. Cuando terminas el setup, el sistema ya está produciendo actas.
Una sola factura mensual que cubre cada pieza que el sistema necesita para funcionar: infraestructura, IA, mantenimiento y horas de evolución. Sin facturas sorpresa de AWS ni de OpenAI.
5 obras activas simultáneas · 25 actas/mes. Si tu volumen es mayor, lo ajustamos sin cambiar el modelo de precio.
Hacemos el setup, arrancamos con tu primera obra real y la cuota mensual empieza el día 8. No es un trial cancelable — es un arranque real con tu plantilla, tus industriales y tu forma de trabajar.
Precios sin IVA · contrato de servicio anual · datos en España
Escríbeme por WhatsApp y, si encajamos, montamos el piloto sobre una obra activa de tu despacho — tu plantilla, tus industriales, tu forma de redactar. En 72 horas tienes la primera acta generada por el sistema.
Respuesta el mismo día laborable